Todo empezó con algo pequeño: una toalla mojada y una botella de agua que goteaba dentro de su bolso.
No fue hasta más tarde, en la habitación del hotel, cuando Carmen notó que su teléfono estaba húmedo.
“Lo seco un poco y ya está”, pensó.
Seguía funcionando… hasta que esa misma noche empezó a cargar muy lento. A la mañana siguiente, la pantalla empezó a fallar. Y unas horas después: negra.
Sintió sobre todo angustia. No por el teléfono, sino por sus fotos y vídeos: momentos cotidianos y valiosos que no se pueden repetir.
Casi le daba vergüenza, hasta que se dio cuenta de cuánta gente dice lo mismo: “A mí eso no me pasa.”
Por eso comparte su historia. No para asustar, sino para advertir. Junto con Plug N Play, explica todo lo que le habría gustado saber antes y el sencillo paso que ahora le da tranquilidad con cada nueva foto.